“La libertad no vale la pena, si no conlleva la libertad de errar”.

Mahatma Gandi

Desde muy pequeño el tema de la perfección ha hecho mella en mi mente, desde la educación que recibí, que si bien no fue militar ni nada por el estilo si hubo algunas reglas y formas que debía seguir y hacer bien, y por otro lado, un “innato” sentido de auto exigencia que fui desarrollando más y más con la suma de diferentes circunstancias, como el hecho de ser el primer hijo, nieto, sobrino, etc. Que automáticamente puso en mi la etiqueta de “ser el ejemplo”.

Y así fui creciendo, no negaré que ha habido un poco de rebeldía en mi, sin embargo, el fantasma de la perfección ha estado ahí presente, formando parte de mi vida, de mis acciones, de mis decisiones. Y ojo, no es que me esté quejando, simplemente les estoy compartiendo un poco de mi historia y como para mi el cometer errores llegó a ser un pecado imperdonable para mi.

Cuando en algún punto de mi vida decido dedicarme al desarrollo humano y entrar de lleno con el coaching, la espiritualidad y esas cosas de las que hablo siempre, tenia muy claro que debía ser un ejemplo de lo que predicaba, ser casi casi un iluminado, tener relaciones sanas y perfectas, ser la viva imagen de la abundancia, enseñar al mundo que yo mismo he alcanzado todas mis metas y había alcanzado la autorrealización como tanto buscaba inspirar a la gente a hacerlo…

¿Qué pasó? Aprendí, eso pasó, aprendí que el concepto de perfección que tenemos no encaja con la vida real, aprendí que en mi afán por no cometer errores estaba cometiendo el error más grande de mi vida y ese fue que en busca de esa perfección yo mismo dejé de vivir y disfrutar la vida. Y lo más gracioso de todo es que, mientras más me presionaba para ser perfecto las cosas menos me salían.

Hasta que por fin llegó el día, el momento que lo cambió todo, en 2018, un año que me transformó totalmente (incluso más que el 2020), viví un de los “fracasos” más grandes de mi vida, una relación tóxica que nunca funcionó, un descalabro económico fuerte, un proyecto de vida en otro país que no se concretó y un cumulo de cosas que llegaron a consecuencia de esto.

Fue entonces cuando empecé a cuestionarme a mi mismo, me cuestioné todo, absolutamente todo, la vida, mi vida, mi trabajo, mi identidad, mi ser, quien soy verdaderamente, si esto del coaching era lo que verdaderamente quería, en fin, hice una deconstrucción profunda de mi mismo hasta llegar muy cerca de una esencia, o lo que podríamos llamar esencia y estando ahí, desnudo (figurativamente) y sin máscaras, comencé a recolectar algunos pedazos de mi, comencé a crear otros nuevos y a juntar los resultados de ambos y llegué a una realización muy profunda.

Me estaba privando a mi mismo de una parte esencial y fundamental de la vida, una parte que muchas veces no nos gusta, pero que es parte importante, me estaba perdiendo de la oportunidad de equivocarme, era tal mi afán de perfección que deje de ver la otra gran mitad de la vida, mitad sin la cuál no estaríamos completos ni seríamos quienes somos. Los errores que cometemos son los más grandes maestros que tenemos, siempre y cuando sepamos verlos.

Me di cuenta que lo que llamamos imperfección en realidad es parte de la perfección y que las cosas no serían como son si eso no existiera. Las cicatrices en nuestro cuerpo son señales de que hemos vivido, las marcar en nuestra piel nos muestran el recorrido que hemos llevado, las heridas en el corazón nos dicen que hemos amado.

Recuerdo hace poco hacer una analogía con uno de mis clientes, le pedía pensar en cual era su actriz favorita que considerara la más hermosa, él mencionó a Gal Gadot, cosa con la que estoy de acuerdo, y recuerdo haberle preguntado ¿qué pasaría si hacemos un super zoom a su piel? El me dijo que probablemente encontraríamos imperfecciones, cicatrices, marcas, quizá algún granito o punto negro, etc. A lo que yo le pregunté ¿Y eso hace que sea menos hermosa? Y el me decía que “Obviamente no”.

Este ejemplo tal vez banal me encanta, porque nos muestra como es la vida, imagina la vida en general como este amigo a Gal Gadot (o la actriz o actor que prefieras), si la vemos con una perspectiva y visión amplia, es hermosa, “perfecta”, nos inspira y motiva, pero si solo tenemos una visión de túnel y nos enfocamos en las pequeñas “imperfecciones” que pudiera tener, la vida, como todo en ella, no nos sabría, no hallaríamos esa belleza implícita en el todo.

Por ello mis consejos para ti hoy son:

  1. Relájate, los errores te ayudan a aprender, eres humano y se vale cometer errores, eso si, el chiste es aprender de ellos para no volver a cometerlos.
  2. Si cometes el mismo error otra vez, relájate, aprende a salir más rápido de ahí.
  3. Aprende a ver el panorama completo, sé que nos gusta castigarnos con los errores que cometemos, pero si no aprendes a ver el panorama completo no serás capaz de ver la belleza que hay en el todo. La visión de túnel sirve solo para enfocarnos en lo que queremos mejorar, no la utilices para castigarte con algo que es parte importante de la vida

Hoy puedo decirte que he aprendido a ser más feliz con mis errores, he aprendido a ser más humano y tratarme como tal, sabiendo que puedo cometer errores, dando lo mejor de mi y esta forma de ver la vida me ha dado también la posibilidad de ser más humilde, pues sé que puedo cometer errores y estoy listo para resarcirlos cuando suceden, aprendiendo de ellos y mejorando.

Y tu ¿Te permites cometer errores?

Gibrán Uscanga.

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